Informe Geopolítica 02 - Informe Urgente sobre la Situación en Irán
Ricardo Ferrer Picado | Buenos Aires, Argentina
Se asiste al nivel de riesgo más alto de los últimos años (amenaza real) de un ataque en Latinoamérica
Nunca hubo este nivel de amenaza desde el ataque a la AMIA, consumado por Hezbollah en represalia tras el luto de la ejecución a un alto mando en el Líbano.
Dados los acontecimientos de los últimos meses, la agenda y proactividad, así como todos los mecanismos nacionales, regionales y hemisféricos de cooperación en seguridad estratégica y preventiva, deben orientarse ante la convergencia entre las organizaciones del crimen organizado y entidades terroristas, que confluyen con logística y narrativas y que, jerárquicamente, tributan a regímenes iliberales que desafían los valores de la vida, la libertad y los derechos de sus ciudadanos.
Tras la captura de Maduro, la neutralización del jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), “El Mencho”, y los ataques preventivos consumados por los Estados Unidos e Israel a Hezbollah e Irán este fin de semana, con el objetivo de neutralizar la amenaza nuclear, el programa de misiles balísticos y drones y descabezar a la teocracia de los Ayatollahs, las respuestas no sólo estarán en los nueve países árabes atacados ni se circunscribirán a la represión doméstica, sino que hay elementos que indican la necesidad y el alto estímulo de respuesta para procurar ocupar posiciones vacantes y ganar referencia en liderazgos.
Este enfrentamiento continuará mientras varios países toman posiciones, lo que no es determinante para represalias. En la región latinoamericana y hemisférica, las redes de la convergencia de Irán, ya desde la dimensión shiita como Jihad, Hezbollah o incluso Hamas, y los Huthies con sus lanchas rápidas que replicaron sus prácticas en el Caribe a instancias del régimen de Venezuela y el de Nicaragua, están muy debilitadas. Por lo tanto, si buscan objetivos, sería por intermedio de grupos de la criminalidad organizada, con muy difíciles nexos de ligazón para no generar atribución. Tal el caso Karaki —jerarca de Hezbollah que opera reclutando desde los ochentas y con acción clave en varios atentados como Embajada de Israel y AMIA, que procuró consumar ataques en Brasil prevenidos en el Operativo Trapiche y Trapuche FT— indica que tienen nuevos patrones mucho más dinámicos, que ya no actúan con proxies de la comunidad libanesa o islámica como 30 años atrás, sino con actores criminales de baja cuantía subcontratados que siquiera saben quiénes les dieron los objetivos. Irán, al día de la fecha, como Hezbollah, niegan su participación en los atentados de la Embajada y AMIA.
Esta situación es de alta vulnerabilidad para América Latina, donde persisten las redes de la convergencia entre el crimen organizado y el terrorismo, en confluencia con regímenes autocráticos con estímulos de malignidad y necesidad de acción altísimos, y todas sus redes con plenitud. A ello se suma el aditamento de que, así como el sistema judicial y jurídico no está preparado para generar responsabilidades en esa atribución, pensemos que Irán aún no reconoce las acciones de Hezbollah en atentados como Alas Chiricanas, Embajada de Israel y AMIA. Asimismo, desde los operativos del Tren de Aragua, como el PCC tan poderoso y CV, amigos de los amigos, familia de norte, los mexicanos, las mafias chinas junto a las italianas, tienen capacidades de generar desde acciones de desinformación persistentes y sostenidas hasta ataques asimétricos como el perpetrado sobre Colombia de Duque o Chile de Piñera.
Más allá de las loables declaraciones, esta situación requiere articulación y cooperación internacional entre agencias de seguridad y de inteligencia.
Deben listarse, expandirse y robustecerse los sistemas de monitoreo y seguridad en puntos críticos como aeropuertos, infraestructuras estratégicas, representaciones diplomáticas, centros y personas de alta referencia extranjera y, además, despertar de la modorra a las agendas de seguridad regionales y hemisféricas, que deben activarse en protocolos, pero, sobre todo, en compartir información y ordenar prioridades, organizándose en monitoreos ante los escasos recursos.
No alcanza con declaraciones de que “estamos en alerta máxima” y que no viajen a Medio Oriente nuestros conciudadanos; se debe articular y ser proactivos entre agencias e intergubernamentalmente.
La informalidad económica y el lavado de activos, los negocios sucios y los flujos de criptomonedas deben tener foco, así como personas de interés y actividades fuera de lo cotidiano.
Nada hay más importante desde ahora hasta que se neutralicen, y en el punto más álgido, superando los 40 días de luto y fechas emblemáticas.
Se debe advertir desde este punto de vista:
Si se traza un esquema de posibles acciones por vector y se cruzan las probabilidades de cada uno, en el área armada no hay otra opción que ellos puedan ejecutar con probabilidades de éxito.
Es ingenuo pretender atacar al enemigo sin esperar que este vaya a implementar una retaliación; si estamos de acuerdo en esto, entonces debemos correr escenarios hasta definir cuál sería aquel en que el enemigo/operador tiene más probabilidades de éxito.
Si en el mundo actual el Information Warfare es vital e incluso puede ser utilizado como deterrent weapon.
Una estrategia prudente es que los países de América Latina develen articuladamente este escenario al público como una advertencia a la OTAN e incluso amenazando con acciones y sanciones contundentes a Irán.
Entre todas las agencias está disponible la información. Escenarios corridos, puntos más vulnerables, estadísticas, todo.
En mi opinión, un ataque a territorio norteamericano es muy audaz y las consecuencias serían devastadoras. ¿Adónde, entonces? Donde sea más fácil: América Latina o Europa.
La seguridad es cosa de cooperación y articulación, desde el más alto nivel estratégico hasta el más operacional y táctico.
Consideraciones:
Las guerras de “V Gen” (quinta generación) tienen componentes no tradicionales y vectores asimétricos. Si bien es poco probable una escalada mundial en el mediano plazo, sí es muy probable la expansión de los frentes de acción donde ya se han radicado operadores y el área de influencia es de facto.
Irán no tiene los recursos para enfrentarse a USA convencionalmente. Lo que sí tiene son operadores para accionar y precipitar una narrativa con un pretendido balance moral internacional que obligue a retirar la acción o llegar a un cese del fuego.
Por otro lado, tienen el factor económico de su lado: el cierre del Estrecho de Ormuz también funcionará como una estrategia para presionar al mundo, traduciéndose en una presión internacional hacia Trump para desescalar (deterrent asymmetric strategy).
Hay un factor importante: la doctrina táctica militar de la teocracia iraní se ha caracterizado históricamente por ser calibrada. Es decir, ellos nunca han atacado directa ni masivamente, porque conocen sus capacidades y las del enemigo. Sus ataques siempre han sido parte de una estrategia asimétrica con el objetivo de “deterrent”, persuadir, negación plausible y guerra por capas (cuidado con esto); es decir, presionar lo suficiente solo para lograr una negociación y nunca el colapso.
Ellos, a toda costa, evitarán la activación de una coalición mundial, por lo que su objetivo va a ser el leverage del capital político de Trump.
Por otro lado, el punto más álgido es en estos días, pero se elevará aún más tras el luto. Tendrán tiempo de evaluar escenarios y prioridades en objetivos según sus capacidades.
Irán, en el corto plazo, reprimirá y reordenará filas, y, si es que como es su constante procura, con interlocutores, volver a dialogar con USA, ganará tiempo. El perro puede cambiar de amo, pero no de costumbres.
Ellos conocen su capacidad y la de su enemigo. Históricamente, no exceden sus límites.
Por lo que es dable pensar que ellos van a concentrarse en dar una respuesta contundente con el cierre del Estrecho de Ormuz. Esto llevará esta semana el petróleo sobre los U$S100. El régimen procurará generar caos e incertidumbre, buscando que esta situación prosiga todo lo posible.
Sus acciones de esta semana serán regionales, como las que vimos ayer. Probablemente el IRGC, con drones y lanchas rápidas, llevará a cabo operaciones en el área, quizá ataques a buques cargueros en el Estrecho.
Paralelamente, iniciarán ciberataques, posiblemente orientados a infraestructura de energía, lo cual sería alineado con la estrategia del Estrecho.
Mientras tanto, se ordenarán y focalizarán el curso de acción de sus proxies, a los que reactivarán con sus redes de convergencia.
Ricardo Ferrer Picado es el Director del Centro para la Geopolítica de Fundación FREE.


